Buscar
  • Esteban Michelena

Luis Fernando Suárez


"No pienso en carnavales, tampoco en funerales".

EN EL MUNDO DEL FÚTBOL ES INEVITABLE QUE LOS DIRECTORES TÉCNICOS TENGAN QUE CARGAR CON LA CRUZ MÁS PESADA, SI GANAN, LOS ALZAN EN HOMBROS. SI PIERDEN, LOS ACABAN A PUNTA DE CRÍTICAS. EL DIRECTOR DE NUESTRA SELECCIÓN HABLÓ CON MICHELENA SOBRE LOS POSIBLES ESCENARIOS DEL MUNDIAL. SU PRIMERA META: LA SEGUNDA RONDA.


Con Luis Fernando Suárez, las grandilocuencias y el espectáculo están fuera de lugar.

Su clave es el verbo construir. Y lo conjuga en presente y en plural, con cada uno de los jugares, con quienes ha consolidado un sólido pensamiento colectivo. A esta “memoria táctica”, Suárez añade lo desarrollado en el ámbito anímico. Para él, cuando la Tricolor -a punto de desplomarse- derrotó a Brasil y cuando -en plena reconstrucción- viró el partido con Paraguay, los dos activos actuaron en conjunto. Y la Selección evidenció que está para grandes cosas.

Ese es el capital que Suárez girará en Alemania. “Llevo variantes, pero no plan B”, dice. Y remata: “Ni me pongo límites, ni abro el paraguas”. La tiene clara. Y, genio y figura, en esta entrevista “de ida vuelta”, Suárez no pide tregua, pero tampoco pierde el orden un instante. De su intimidad deja saber que cuando gana partidos decisivos se le viene una catarata de imágenes de su primer hijo naciendo en Medellín.


Y que visita a Dios como al estadio: todos los domingos. Pero que ahí, no pide; sino que ofrece. Aunque, si le fuera dado, a una sola persona de este mundo quisiera sentada junto a él, en la banca de suplentes de Alemania 2006. Esa persona es Francisco Maturana.

Fotografías: Álvaro Ávila Simpson


Desde que el año pasado clasificó al equipo de Alemania, nunca más tuvo el grupo junto, ¿cómo va a afrontar el vértigo competitivo del Mundial?

Tenemos una ventaja que sabremos capitalizar: Ecuador tiene una enorme memoria táctica. Toca recordar una serie de cosas que se han hecho bien durante estos últimos años.


Las condiciones de competencia son totalmente distintas y para algunos son inéditas, ¿alcanza con la buena memoria?

Todos los equipos llegan con cronogramas idénticos. La primera y segunda semanas de las tres que tenemos antes del debut serán claves y ahí concentraremos nuestro gran esfuerzo táctico.


Pero… ¿alcanza?

Alcanza, porque llegaremos con la certeza y el aplomo que te da saber que hicimos las cosas bien y con un equipo que sabe, de memoria, a lo que juega. (Luis Fernando Suárez tiene razón. No son pocos los grandes entrenadores que le dan ese mérito a la Tricolor. Y eso, en competiciones tan cortas, vale oro).


¿Ve al cuadro en la segunda ronda?

Ni me pongo límites ni abro el paraguas: la primera meta es la segunda ronda. Salvo Alemania, por obvias razones, el grupo está para todos. Además. Tengo total certeza de que llegaremos al 100%.


Con un librero que correrá solo, como quien dice…

Los planes están para cumplirse. Repito: tenemos una memoria que nos blinda, que nos protege. Todo lo que se haga está, básicamente, escrito.


¿Y si ya en el examen le cambian las preguntas?

Eso debería pasar. Todo este tiempo me he dedicado a analizador los rivales al mínimo detalle. A prever variantes que, creemos, serán efectivas.


Tiene su cabeza llena de estrategias…

Exacto. La clave será cómo y cuándo correrlas en la cancha.


Buenísimo. ¿Cómo le jugará a Polonia?

Será fatal si ellos nos ganan las espaldas. Perder un balón de medio campo puede ser terrible: son rapidísimos.


¿Y con Alemania?, los dos equipos se enfrentarán ya clasificados o en plena desesperación… Será crucial que todo el equipo impida que ellos centren, porque -igual- lo hacen de memoria, a kilómetros de distancia y son letales. Tendrá gran importancia entonces lo que puedan contribuir los delanteros.


¿Costa Rica es como más del barrio?

No olvide que es el cuadro con mayor número de repitentes.


¿Y si de entrada, con Polonia el naipe nos viene con la mano cambiada?

No pienso en eso. Vamos con variantes, pero sin plan B.


Pero pueden ocurrir, ¿y entonces, qué hará?

Ahí está la memoria de la que le hablo. ¿Se acuerda del partido con Brasil, en Quito? Yo tomé un equipo que anímicamente venía volando bajo tras la Copa América, fin del Bolillo y perdiendo con Venezuela. En esa condición debía enfrentar a un pentacampeón mundial. Y le ganamos. Entonces viene lo de la memoria y nuestra capacidad de recordar que podemos actuar en situaciones adversas con grandes desempeños. El otro gran mensaje lo recibí del partido con Paraguay: un 0-2 en 10 minutos es una lápida. Y el equipo se reconstruyó.



Es usual ver al director técnico detrás de sus ´´pupilos´´ durante algún partido. Suárez es un hiperactivo. Se deprime apenas ve que ´´se me mueven los parámetros o se ladea un compromiso y la solución no está en mis manos´´.
Fotografías: Álvaro Ávila Simpson


¿Ganar a Brasil le ratificó q


ue el grupo estaba para cosas grandes?

Constituyó un mensaje muy claro de la capacidad guerrera del grupo. A ese partido el equipo llegó con una hinchada más bien temerosa y pesimista. Esa vez fue el equipo el que devolvió la fe a todos. Ganamos a un grande entre grandes. Eso no se olvida. Y, claro, toca recordarlo.


¿Una señal de que si hay caída, hay “levantada”? Sí. Porque no solo fue que anímicamente el equipo se reconstruyó en los 90 minutos, sino que no perdió los papeles. Ahí viene de nuevo lo de la memoria.


Eso es tranquilizador: ¿Una debacle no está en agenda?

Se trata de eso, en ese momento -que puede ser parecido a cualquiera de los que enfrentamos en Alemania- el equipo se mostró capaz de dar el paso grande y al frente y no chiquito a un costado. No ganar o perder con Brasil siempre tiene un grado de presentación. Pero en lugar de ver ese partido como la oportunidad de botar la toalla y certificar que no podíamos, viramos la cosa y le mostramos al mundo que podemos. Y que podemos con los más grandes. Eso nos potenció a todos y forma parte de nuestro gran acumulado, de nuestro capital para girar en Alemania.


¿Cuándo Ecuador es débil?

En defensa vamos muy bien, pero tenemos limitaciones en el ataque. En las eliminatorias lo resolvimos llegando con los volantes. Estamos trabajando para hallar más variantes que permitan hacer daño en el último cuarto de cancha.


¿Y si el “Tin” anda con las luces apagadas o por ahí lo quiebran?

Delgado no estará con las luces apagadas. Las posibilidades de Lara como enganche, lo repentino que puede ser Antonio (Valencia) y el mismo Kaviedes, si da con el ritmo y nos acompaña, igual, son grandes.


Va a ser muy duro. ¿Quién se pondrá el equipo al hombro?

Los repitentes tienen la obligación de dar honor a su condición de portavoces de lo que quiere el técnico. Ahí están Iván, Méndez, “Tin”, Tenorios, Ulises, Marlon…


¿Pero habrá un líder, un viejo guerrero que aliente a los otros?

Lo nuestro es un pensamiento colectivo. Yo tengo once líderes, cada quien cumpliendo con lo suyo en favor del interés y el pensamiento de todos. Le juego a un liderazgo no muy espectacular, si se quiere. Es más un tema de responsabilidades y solidaridades. Y de eso, el equipo sabe harto. Ahora, claro, mi capitán (Hurtado) y los otros repitentes deberán ayudar a los nuevos a hacer bien las cosas.


Mora, en el arco: es de los nuevos en un territorio donde el error no está permitido…

No tengo miedo. Tengo confianza, así como en la experiencia, en la capacidad. Me llevo a Lanza como tercer arquero. Y bueno, ahí mismo transitan Iván, Ulises, Sombra, Paúl, Edwin.


Bueno saberlo. ¿Con quién se ve peleando el segundo cupo del grupo?

No me veo en esa posición: estaría aceptando que no puedo ir por el primer lugar. Insisto: llevo variantes, pero no plan B. Un plan B suena a excusa, a perdón.


De cuadro a cuadro, por algo Ecuador está entre los 32 mejores del mundo. Mucho del futuro pasará por los liderazgos y capitales anímicos. ¿Cómo está el suyo de cara al equipo?

Yo tengo credibilidad ante el grupo, mis hombres me creen. Desde esa realidad tengo su respeto, su obediencia, su increíble capacidad para comprometerse. Lo cierto es que estamos haciendo todo lo que corresponde, todo el tiempo a nivel de excelencia. Cuando uno hace eso y su gente le cree, la cosa tiene futuro.



El arbitraje, la presión del público…

Creo en la buena fe de los árbitros: jamás me han servido de excusas que jamás busco. Cuando juegas bien, ni siquiera tres árbitros malos te pueden mover el piso.



En estos últimos días ¿Con quién ha estado hablando de estos temas?

Yo ya tomé nota y he trabajado sobre la experiencia transmitida por grandes mundialistas, como los argentinos Basile, Menotti, Bilardo; también con el preparador físico Diego Barragán, que tiene dos mundiales a su cargo.


¿Y qué queda en la libreta de apuntes?

La lección 1: no repetir errores que ya costaron derrotas. Ellos -como grandes que son- no se guardaron nada. Y yo lo aprovecharé todo.


“AL FINAL DE PARTIDO, LA CABEZA ME ESTALLA"

¿Cómo somatiza usted toda esta presión, esos 90 minutos que deben tener de gloria e infierno al mismo tiempo?

Esto no es de los 90 minutos solamente. Ahora mismo, ya estoy en Alemania. Antes de los partidos, yo caigo es una ansiedad muy fuerte. Doy vueltas y vueltas por la habitación, hago café, como fruta, leo, dibujo movimientos, los repaso en mi cabeza.


¿Y se vuelve más hiperactivo que de costumbre?

Mucho más.


¿Pierde el sueño, le cambia el carácter?

No tanto: con cinco o seis horas de buen suelo estoy listo para días largos y difíciles. Es que la inminencia de un partido bravo pasa factura. Y a mi me impone un tren de actividad demencial.


Pero, a esas alturas, llegará sin pendientes. Y, de todos modos, sería demasiado tarde para inventar algo…

Yo hago un repaso, ítem por ítem, de qué y cómo se dio ejecutando el plan. A veces queda debiendo. Pero como contrapeso está todo eso que se hizo y se hizo bien. Entonces, llega el partido y uno disfruta.


A usted se le ve siempre imperturbable. Ni tanto que uno diga: ¡cómo goza ese señor! El estadio se cae y usted ahí, cruzado de brazos y mirando fijo…

Yo interiorizo todo. Miro en cada detalle que el partido esté bien propuesto y me dispongo a esperar a que pase lo que debería o tenga que pasar.


¿Así de simple?

Bueno, ni tanto. Me concentro para leer el partido lo más pronto posible y en mi cabeza empiezan a rondar propuestas, posibles cambios, combinación de movimientos. Entonces, al mismo tiempo corre la memoria de lo que juegas y lo que vas leyendo del rival.


Será de leer, como quien dice, la “letra chica”…

Sí. Por ejemplo, los indicios que puedan existir del rival, de su movimiento en conjunto y por líneas, los espacios que puede dejar tal o cual esquema. El objetivo es llegar a un estado de concentración tal, que combine el estar alerta con el estar seguro.


¿A qué se parece ganar?

A planear, engendrar, esperar y tener un hijo. Cuando tuve a Andrés Felipe sentí eso. Ganar a crecer todo el tiempo, como hombre. Nace, lo ves todo sano, digno, hermoso. Pero pasa la luz, sabes que ese muchachito te plantea más compromisos. ¿Cómo y qué nomás hago para criarlo bien? Terminaré el primer tiempo ganado. ¿Qué tanto más debo hacer ahora para no perder?


¿Y perder?

Eso es íntimo y solitario, aprendizaje y dolor.


La luz es más luz cuando conoces las tinieblas. Cuando empecé como técnico, se me dieron todas. Pero cuando perdí por primera vez me di cuenta de qué material están hechas las derrotas. Entonces valoras con más madurez las victorias.

Y haces todo lo posible por que no dejen de llegar. Cuando pare esto, es decir cuando muera, quiero hacerlo con la certeza de que construí, ganando o perdiendo, pero construí todo el tiempo.


¿Es la soledad la compañera cuando se pierde?

Por mi forma de ser, la soledad no me molesta. Aunque sí, a veces he sentido que estoy dando vueltas: que no leo lo que creo estar leyendo, que no estoy haciendo todo lo que quisiera, en fin. Es feo.


¿Y cómo sale de esos huecos? ¿Cuándo se da tiempo para usted?

Disfruto inmensamente leer y escribir, pero también jugar tenis con Esteban Delgado, un amigo de Marathon Sports… ¡y olvidarme del fútbol! Corro todas las mañanas en La Carolina. Y vuelvo a pensar. A Alemania me estoy llevando una buena carga de libros: de gerencia, literatura, motivación.


Y en ese cóctel devastador, ¿en la cancha a sus jugadores los quiere “políticamente correctos” o dispuestos a todo a favor del objetivo…?

Que den el ciento por ciento. Dispuestos y haciéndolo todo, pero todo lo que esté bajo el fair play. Soy un amante y respetuoso del fútbol y, por consecuencia, del rival.


Juegan incluso valores como la ética, la moral, todo esto bajo la atención de millones de hinchas y la espalda implacable de la derrota, chiflando cerca todo el tiempo. Debe ser agobiante. Cuente, pues, cómo la somatiza…

Al final del partido la cabeza me estalla.


Y durante el partido, ¿apela usted a Dios, por ejemplo?

Dios está. Él disfruta el fútbol, pero no da haciendo nada.


¿Pero usted habla?

Más bien le muestro el trabajo. Y sí, espero que sea para su agrado y alegría.


YO JUEGO, PIERDO O GANO, PERO AL RIVAL NO LO QUIEBRO NUNCA. AMO EL FÚTBOL Y MILITO EN EL FAIR PLAY. LLEVO VARIANTES, PERO NO PLAN B. NI PONGO LÍMITES, NI ABRO EL PARAGUAS”.

¿Usted le visita en su casa antes del partido? Sí. Voy a su casa y le digo: mira, ando en estas. Si soy lo que voy siendo, es con su gracia y mi trabajo.


¿Y cómo al fútbol, va por Él todos los domingos?

Sí. Es parte de mi divisa: me lleva y lo llevo. En Medellín, donde vivo, en “Los Colores”, tengo la iglesia cerca del estadio. Y en Quito lo visito en la iglesia de Fátima.


Entonces, le pedirá la luz, la espalda…

La espada de decir bien: eso sí le pido. Lo bueno es que no es un “resultadista”, como la mayoría del resto de la hinchada.


¿A quién le pedirá que, en secreto, le ponga junto a usted en la banca de suplentes en Alemania?

A Maturana. Del fútbol, de todo el mundo del fútbol, a Maturana.


Si que le quiere al Pacho, ¿no?

Le quiero un mundo. Es como mi papá.


Y de regreso ¿cómo va a celebrar? ¿Qué le va a decir a la hinchada?

De los ecuatorianos, yo vivo pagando. Que, como están las cosas en nuestros países, me den tanto cariño que yo pueda provocar esa generosidad, ya es demasiado. Así salga de la puerta de atrás, solo diré que gracias y que los amo. Pero acá el único responsable de todo soy yo. En especial si las cosas no se nos dan, aunque hayamos trabajado con toda la pasión del mundo.


Entonces… ¿cómo va a convalecer un mal mundial?

En verdad, no pienso en carnavales. Pero tampoco en funerales.


109 vistas0 comentarios